A menudo la vida nos chupa y nos lleva al fondo, un fondo donde no hay claridad, todo parece estar difuso, confuso y surge nuestros miedos más ocultos.
Digo a menudo, porque es liberador saber que la vida de un ser humano se compone de una sucesión de altos y bajo por igual.
A veces, siento que venimos aquí para ser entrenados a experimentarnos sobre todo, cuando estamos en lo bajo.
No nos enseñaron, desde que podíamos entender, que el placer y el dolor iban a estar por partes iguales…Lo que finalmente ocasionó y aprendimos que cuando la vida no pintaba cálida y veraniega, luchamos para que así fuera. Y agota. Eso agota tanto…
Negarse a sentir lo que es tan natural. La dualidad de habitar en nuestro cuerpo, nuestro propio planeta.
Aceptar y residir en nuestro cuerpo cuando la baja viene, es un reto que se repite y vuelve a repetirse durante toda una vida. SI nos damos el mimo y el respeto de habitarnos, nace un poder que surge del contacto con nuestra vulnerabilidad que nos acerca a un respeto profundo, a un amor. El nuestro propio.
Y así, una tras otra, terminamos no temiendo las pruebas que vendrán porque cada vez sabemos nadar, aceptar más y más esos sentires que aunque no sean tan dorados son profundamente nuestros, profundamente humanos.
A menudo soñamos o pensamos o querríamos que la vida sea un mar en calma, ausente de acontecimientos que nos descoloquen y nos causen daño. La vida duele y complace a partes iguales. Cuanto hubiera agradecido que me lo hubieran dicho desde niña. De ahí los cuentos de Disney, la huida de la muerte, los secretos que nacen de la falsa idea de que nunca se destaparán…y muchas cosas más que podría mencionar. Nos consideramos a menudo desgraciados, desgraciadas por que estamos pasando un momento doloroso. Cuántas cosas hacemos para evitar el dolor, como si no fuera parte inherente de la vida. Cuánta neurosis enfermiza por tapar lo que es natural en el ser humano. Lo que no sólo es natural, sino también necesario, ya que pararnos y ser conscientes de que duele, nos acerca a nuestra propia humanidad y compasión, nos ablanda y por consecuencia entendemos la vulnerabilidad de la otra persona.
Detrás del sobrepeso y obesidad se puede ver el peso del dolor evitado. Nos da miedo digerir emociones incómodas, llevándonos a comportamientos compulsos, con la falsa ilusión de que así serán tapados. Y así, día tras día, años tras años, nos separamos de nuestras propia vulnerabilidad, volviéndonos rígidos emocionalmente y llevando al cuerpo a un desequilibrio inevitable.
Acompaño a personas que quieren recuperar su salud natural de una forma integral y cariñosa con ellas mismas.
¿Has visto una tormenta en su máximo esplendor? Me encantan, están llenas de belleza y realidad. Así era ella.
Recuerdo aquel día en que le abrí la puerta y algo dentro de mí dio un paso atrás. Su energía me empujó. No se debió a nada, sólo sucedió. La invité a pasar, olía a toneladas de miedo y rabia. Entró desafiante.
La invité a sentarse en un lugar cómodo. A los veinte minutos empezó a soltar el peso. Sus compuertas se abrieron y empezó a deshacerse en lágrimas delante de una desconocida que era yo, que tenía la sensación de conocerla desde hace mucho tiempo.
Desde que tenía 8 años empezó con controles dietéticos. Su bloque de hormigón armado, cuando abrí la puerta, tenían motivos para escanearme e investigar si yo podía ser alguna más que le recordara lo que ya ella sabía. Nadie sabía más que ella de su vida, nadie. Tenía todo el derecho de habitar en la mismísima ira. Había vivido en una cárcel, la suya.
Empezamos el camino abrazándo la vida con todo lo su placer y dolor.
Todo esto es sólo un estracto de dos años. Nada de lo que pueda escribir explicaría la esencia que movíamos cuando ella se decidía a ser conmigo.
Su madre la amó como supo. Oscilaba entre el control y la ausencia. Contaba con otra fuente de amor que era su abuela materna, su cuidadora. Ella la premiaba con dejarla ser libre y niña. Así se desarrolló, entre el control y el premio.
Su forma de alimentarse se volvió una trampa que la encarceló. Se veía escondiéndose para comer. Cargaba a su madre a cuestas 45 años después. Se comió en control y lo convirtió en norma.
Ambas, sesión por sesión fuimos desanudando nudos para llegar a comprender que no hay maldad en nada de lo que pudieron dar nuestros padres, sólo ignorancia. En la ignorancia no hay inquina, más bien hay un jardín de abandono, heredado a su vez por la ausencia de escucha al ser único que todos llevamos dentro. Ellos también murieron por dentro cuando eran niños.
Ella fue encontrando su propio punto de apoyo al poder mostrarse entera frente a otro ser humano, descargando kilos de rabia con paciencia infinita y mucha compasión.
El peso que le sobraba era el grito de guerra que aún perduraba ante su madre. Era un: «¡Ya no me vas a controlar más, haré lo que quiera!».
Fue ahí, cuando llegamos a ese botón gigante que pudo sentir que ya ella podía hacerse cargo, que su enfado ya no tenía sentido mantenerlo, pues la estaba literalmente aniquilando por dentro.
Fue la única manera que supo cuidarla allí, no sabía más. No había más que eso.
Ya eso hace mucho tiempo que pasó y ahora ella tiene todo el amor para cuidarse sin exigencias.
Gracias por permitirme vivir tu proceso y crecer con él. Entregarte tan genuinamente me enseñó tanto…
Afortunada soy por encontrarme con personas tan infinitamente bonitas con ganas de encontrar calma y entendimiento de cuerpo adentro.
Hay experiencias que te atraviesan y nutren, quedándose en ti para siempre. Lo inesperado se presenta e irrumpe con un descaro que sientes de repente muy familiar. Las carcajadas acogen y salen como bienvenida ¿Un reencuentro? Podría ser…
Silencios respirados y cómodos en una confianza ganada en el mismo presente. Respiraciones profundas que hablan.
Miradas de extrañeza y complicidad por ser testigos de una experiencia regalada con suma frescura.
Apoyada en su pecho por un momento creyó dormirse. Hay seres en donde uno se para a descansar y confiar.
Las estrellas y el diálogo del viento los acurrucaba con su música.
Fue eterna en su entrega. Su propia incredulidad le robaba carcajadas. Él creía que relativizaba su sinceridad. Qué va! Le regaló tanto en tan poco tiempo…
Quedó llena. Él en paz, le decía. Era tan extraño tocar las estrellas con alguien que acababa de llegar…
Ambos se perdieron de vista como las estrellas que vieron pasar ante sus ojos.
¿Sería tan bonita una estrella sin su fugacidad?
La belleza y el amor que contiene el dejar ser.
Ese fue el regalo oculto de la experiencia, abrazar enteramente el presente sin contaminación de expectativas mentales. No, desde luego que no es poco.
Hay personas que nos ayudan a abrirnos. Otras no. Y es que entregarse requiere de apoyo, requiere de dos.
Pero claro que antes para poder abrirte ante otro u otra, debes haber topado con muchas puertas donde al otro lado había frío. Muchas. Así nos enseña la vida, pues vamos limando nuestras formas para perfeccionar eso que sí nos hace sentir más auténticos frente a nosotros y a los otros.
Hay personas que son auténticas joyas para aprender, para entregarse, para SER con todo lo que contiene eso. No hablo de formas, etiquetas…hablo de experiencias que llevan un nombre femenino o masculino que te sirven para eso, despegar los pies del suelo y atreverte a a abrir tus brazos para expandirte. Las hay, las he visto, tocado, sentido y olido.
Abrirte es reconocerte con todo lo que te ha traído hasta aquí, a este momento, mirando con cariño esos patrones que te han hecho ir y volver por infinitas veces a aquellos lugares de los que no sabías salir. Eso acumuló tanto hastío que te rendiste levantando las manos al cielo decretando que YA NO MÁS DE ESO.
Harta de cerrarme por » cuidado» sólo encontraba espejos que reflejaban lo mismo: puertas cerradas por exceso de miedo a desnudarse.
Fue ahí que empezaron a aparecer cosas, señales, personas, lugares que nunca pensé que existirían. Sí! Siempre han estado, sólo que mis puertas estaban cerradas.
Por que nutrirse también tiene que ver con lo que te concedes y permites profundizar en ti y por lo tanto, por resonancia aparecerán las joyas para compartirte y descansar en esta existencia pasajera.