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Etiqueta: reflexiones humanas

«Pasada la Navidad, dieta estricta».

DIETAS RESTRICTIVAS POST-NAVIDAD.

Muchas personas, el día 7 de Enero de cualquier año: “Justo hoy empecé a comer bien, mis batidos detox en la mañana, mis ensaladitas y yogur y fruta para cenar”.

¿Te suena? ¿Lo has oído? ¿Vivido?.

Puede tener cierta lógica que si restrinjo calorías, voy a adelgazar. Pero aquí no hablo de lógica, hablo de salud y equilibrio.

He visto mil variedades de “dietas” restrictivas que lo único que hacen es causarte una recaída mayor y una ganancia de peso desbordada, a parte de daños severos pasados años que la persona que los padece ni se enteró que fue causado por aquella o aquellas “dietas”. ¿ Y por qué?

Tu metabolismo es como si se jaqueara y lucha por obtener todos los nutrientes que necesita, pero no están, y por supervivencia los va a seguir buscando llevándote a una recaída para ajustar necesidades nutritivas.

¿Qué quitamos de golpe de nuestra dieta? Los hidratos de carbono. La glucosa,  que es la única fuente de energía para el cerebro, que consume alrededor de 100 g al día. 

Esta técnica sostenida en el tiempo, te va a llevar a causar hipoglucemias (baja azúcar en sangre) lo que te va a generar un cansancio enorme, más disminución de la concentración, por nombrar sólo algunas, y en casos muy graves puede causar muerte.

Esto que ocurre post-navidad, también ocurre antes del verano y suma y sigue. Nuestra presión por vernos bien, nos lleva a cuidarnos desde una mirada estética y no desde una necesidad saludable. La primera nunca dura en el tiempo porque implica sacrificio, y el sacrificarnos por nuestra estética cansa, aburre y frustra. Sin embargo, cuando mi “chip”se transforma y mi cambio viene desde un entendimiento consciente de que estar saludables me permite estar en el mundo de manera más armónica conmigo y con el entorno, TODO CAMBIA.

Ahí empieza el verdadero cambio duradero en el tiempo, donde me puedo pasar en Navidad o en cualquier cena o encuentros porque la vida implica placer, y yo aprendí a alimentarme de manera equilibrada para volver a la normalidad pasados momentos o fechas puntuales tan propios de esta vida.

Cuídate, necesitas tu cuerpo sano durante toda tu vida.

Nel Marrero.

Dietista-Nutricionista.

Terapeuta Gestalt.

Salud Integradora.

La vida, una marea.

A menudo la vida nos chupa y nos lleva al fondo, un fondo donde no hay claridad, todo parece estar difuso, confuso y surge nuestros miedos más ocultos.

Digo a menudo, porque es liberador saber que la vida de un ser humano se compone de una sucesión de altos y bajo por igual.

A veces, siento que venimos aquí para ser entrenados a experimentarnos sobre todo, cuando estamos en lo bajo.

No nos enseñaron, desde que podíamos entender, que el placer y el dolor iban a estar por partes iguales…Lo que finalmente ocasionó y aprendimos que cuando la vida no pintaba cálida y veraniega, luchamos para que así fuera. Y agota. Eso agota tanto…

Negarse a sentir lo que es tan natural. La dualidad de habitar en nuestro cuerpo, nuestro propio planeta.

Aceptar y residir en nuestro cuerpo cuando la baja viene, es un reto que se repite y vuelve a repetirse durante toda una vida. SI nos damos el mimo y el respeto de habitarnos, nace un poder que surge del contacto con nuestra vulnerabilidad que nos acerca a un respeto profundo, a un amor. El nuestro propio.

Y así, una tras otra, terminamos no temiendo las pruebas que vendrán porque cada vez sabemos nadar, aceptar más y más esos sentires que aunque no sean tan dorados son profundamente nuestros, profundamente humanos.

Nel Marrero.

Dietista-Nutricionista. Terapeuta Gestalt. Nutrición Integradora.

Habitándose…

Comenzó a saborearse.
Experimentarse se volvió su rutina diaria.
Cada día está pendiente de regular sus propios tiempos.
Para, para y vuelve a parar cada vez que su mente la lanza lejos de ella.
Ella respira, respira profundo hasta donde no puede inhalar más y suelta como la que no tiene prisa y va aprendiendo a dejar atrás lo que acaba de suceder para meterlo en algún lugar que en algún momento, con perspectiva, entenderá.

Pasito a pasito va descubriéndose. Sabe que el autodescubrimiento jamás parará.
Se da espacio y tiempo para poder calibrar su propio latido. A veces se aturulla, se aparta y vuelve a encontrarse.

Es adicta a esa sensación de reencuentro y en su interior estalla un orgullo suave, dulce y placentero.

El cuerpo le habla siempre. Se revela, somatiza, la desvela ocasionalmente de madrugada, tiene tiempos en que se muerde las uñas, aunque ya no se enfada por ello. Siempre le ha gustado comérselas.

Entendió que todo es cíclico y eso la libera de lo que tendrá que venir y vivirá.

Su cuerpo, su única brujula. La única llave que tiene para habitar su propio lugar en el mundo.
Precisó y sigue precisando coraje para seguirse a ella misma. Sabe que no hay nada malo o bueno en como se dan las cosas. La moral le resulta pesada. La vida siempre da y quita. En su experiencia, el tiempo siempre le ha explicado que le dejó lo que saboreó, sintió, rió, lloró.

La vida le resulta una maravilla siempre que mira atrás, aún con tsunamis que se llevaron partes de ella misma.

Hoy cuida su cuerpo de todas las formas: come rico; su sueño a solas se volvió una prioridad; las siestas le parecen lo más sagrado que existe; persigue atardeceres y le habla a las estrellas mientras las observa. Mueve y suda su cuerpo. Baila, abraza, toca y se permite no estar cuando no quiere.
La alianza cada vez se siente más fuerte. Lo que siempre tanto anheló, empieza a suceder.

Contenta de habitarse, tararea una canción que le hace volar, mientras taconea en suelo con su pie derecho, sentada.

Nel Marrero.

Prisa.


Prisa para llegar. Prisa para irse. Prisa por hacer. Prisa para dormir. Prisa para comer. Prisa para evitar el rechazo. Prisa por adelgazar. Prisa para amar. Prisa para romper el amor. Prisa por llegar a un futuro que no llegará nunca porque simplemente no existe. Prisa por entender un pasado que no te será revelado con prisa. Prisa, prisa y más prisa.

Encontrar personas que estén ahí, en el momento donde justo están, cuesta. Observar como el viento sacude un árbol haciendo caer sus hojas. Observar un compartir genuino entre dos personas sirviendo de cómplice y testigo. Grandezas simples.

Es común ver personas que sólo habitan en sus mentes… Es como caminar en una autopista donde nada puedes ver, todo ocurre demasiado deprisa. Millones de fragmentos de una vida con prisa, donde se esfuma la esencia, donde no hay tiempo para vivir, para sentir, para pausar, para respirar, para ver, para ser…

Las glándulas adrenales rebosan de cortisol para seguir corriendo hacia lugares que realmente no importan, alimentada por una mente vanidosa que cree saber a donde va y que sólo es presa del miedo. Y cuerpo exhausto, en una vida sin tiempo.